"BANDERAS CIUDADANAS"

TRIBUNA LIBRE:  Publicado en el periódico La Provincia (Las Palmas), 11 de mayo de 2007

 

Una gigantesca representación teatral. Multitud de personajes transitan atareados sobre las tablas del escenario y, vistos desde lo alto, con la suficiente distancia, parecen conocedores de su importante y particular misión. Todos tienen algo que hacer, algunos forman grupos más o menos organizados, no se sabe si por la fuerza de la inercia o por un plan más o menos orquestado. La idea general es que todos forman parte de algo grande, pero pocos saben cómo se llama ese algo, y mucho menos qué forma tiene, cómo se define, cómo hemos llegado hasta aquí. Pero cada uno trata de cumplir su obligación diaria, sin más… y todo camina.

Hablamos de la democracia, de la ciudadanía y de España. Somos demócratas, y parece que eso es así desde siempre, que viene dado sin coste alguno, que es perpetuo, imperecedero, inmune a todo y que es un derecho natural que se nos reconoce al nacer. Nada más lejos de la realidad, en España vivimos en democracia formal desde 1978, año en que se promulgó nuestra actual Constitución, porque la voluntad del pueblo así lo ha escrito en uno de los grandes pilares de un estado de derecho: la Ley. Y la primera de todas es aquella que ninguna puede contravenir, la Constitución.

En el escenario social democrático lo significativo es que, a diferencia de otro tipo de organizaciones en las que unos dirigen, otros organizan y muchos actúan, todos tenemos la capacidad y el deber de ser actores, tramoyistas y directores a la vez. Todos y cada uno, con nuestras actuaciones, decisiones y comportamientos creamos nuestro futuro y nuestro presente, nuestra vida cotidiana.

Cuando la vida política y social de un país está tan efervescente como la que estamos viviendo actualmente, oímos discursos de todo tipo, de todos los colores; algunos ciertamente enaltecidos; tremendismos, profecías catastrofistas, condenas, amenazas… todo, mientras se publica lo que muchos saben y pocos combaten: la connivencia de muchos políticos en asuntos turbios de malversación de fondos públicos, tráfico de influencias, engaño y falsedad en la obligada rendición de cuentas que todo político debe a los ciudadanos. Vivimos en definitiva una situación en la que prima la falta de concordia, de respeto al prójimo, y en la que muchos tienden a mirar el bien inmediato antes que un bien superior: el bien social.

Mirando sólo el aquí y el ahora, defendiendo exclusivamente lo propio contra lo ajeno, se llega a perder de vista aquello que debe estar por encima de todo y de todos: la convivencia pacífica, el pluralismo, el acatamiento de las leyes, el principio fundacional de la democracia que es la soberanía del pueblo y la efectiva división de poderes. Se están defendiendo las posiciones partidistas usando para ello artimañas de todo tipo, pero antes que el rojo, el verde o el azul, los colores que nos distinguen, debemos enarbolar los colores del ciudadano democrático, aquel que se sabe copropietario de una realidad construida desde el entendimiento y la negociación, a sabiendas que no existe una verdad monolítica y eterna, sino que ésta la construimos entre todos, progresivamente.

Los mayores enemigos de la humanidad son la ignorancia, el fanatismo y la hipocresía, y debemos combatirlos sin descanso, incluso contra los representantes de nuestro propio partido político si estos no respetan las reglas y las instituciones democráticas. Que caigan los actuales dirigentes de un partido, aún a costa de no ganar unas elecciones hoy, no significa que perdamos, sino que como una planta podada, saldrá regenerada y con más fuerza para las próximas elecciones. Así es como el ciudadano debe convertirse en el verdadero protagonista de este sistema capaz de proveer la mayor justicia posible.

Ahora es el momento de hacer valer esa España en la que queremos vivir, la que construida por una ciudadanía responsable discurre en la convivencia y mira al futuro con ilusión y esperanza. Esta es la bandera común de España, que nadie mueva nuestros hilos, porque con nuestro voto los podemos mover entre todos. En las próximas elecciones canarias, y en todas, participemos, es nuestro derecho y nuestro deber.

 

Logia Luz Atlántica nº 1565 - Gran Oriente de Francia
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