
La Masonería, una Fraternidad Iniciática
La Francmasonería es una fraternidad iniciática porque propone, tras el pase por unas pruebas de acceso, que simbolizan un cambio de estado (de profano a masónico), un método de trabajo y una búsqueda filosófica, vividos en una disciplina de grupo libremente consentida.
Todos estos procesos están destinados a ayudar, por un juego de analogías y de interpretaciones personales, a descifrar el mundo y a buscar el sentido de la existencia.
Llegado el día de la ceremonia de iniciación, a lo largo de la que el candidato tendrá los ojos vendados, la logia se pronuncia definitivamente sobre la admisión.
Las pruebas tienen lugar siguiendo un rito en el que los elementos cambian considerablemente de una logia a otra pero que tienen por denominador común, el paso por el gabinete de reflexión, donde el impetrante redacta su testamento filosófico, una deambulación durante tres viajes que representan las tres edades de la vida (niñez, adolescencia, madurez,) y seguidos por las pruebas que son el encuentro con el agua, el aire y el fuego :
El primer elemento, la tierra, ha sido simbolizado por la estancia en el gabinete de reflexión. Un recuerdo de los orígenes legendarios de la masonería.
Siempre con los ojos vendados el candidato presta su obligación de la que los dos puntos fuertes conciernen al secreto y a la defensa de la laicidad. El juramento es pronunciado con la mano derecha del candidato puesta sobre las herramientas y sobre el libro de la ley.
La luz es dada al neófito generalmente por el padrino quien procede al levantamiento de la venda.
Conducido delante del Venerable el nuevo hermano es investido - recuerdo de los orígenes templarios de la masonería-. El Venerable hace entonces "reconocer" al nuevo hermano por el conjunto de la logia.
Este esquema muy resumido puede incluir cláusulas adicionales propios según la logia. La ceremonia tiene a menudo un peso afectivo importante y exige una disposición adecuada por parte del impetrante y un desarrollo sin falla.Durante el periodo anterior a la masonería especulativa o moderna, en el que se denomina a la masonería como operativa, tanto los picapedreros alemanes como los obreros libres ingleses, al reunirse en logias, formaban verdaderos gremios (gildes) de los oficios, que eran a la vez entidades reconocidas oficialmente con derechos políticos, y cofradías o corporaciones libres que poseían la doctrina secreta del arte. Fallou y Heideloff describen y comentan los usos de los masones, canteros y carpinteros de Alemania, en lo relativo a la recepción o ingreso en la entidad, el derecho de la logia, los exámenes y el ejercicio de hospitalidad, usos y costumbres que se han perpetuado con gran fidelidad hasta nuestros días en los ritos de iniciación masónica.
Terminado el período de aprendizaje, el neófito solicitaba el ingreso, al igual que en las gildes, previa presentación de la prueba de honradez y legitimidad de su nacimiento. Considerábase deshonroso el ejercicio de determinadas profesiones, que impedían que el solicitante fuera admitido, extendiéndose la prohibición a sus hijos. El neófito recibía un signo (los célebres signos lapidarios de los edificios románicos y góticos) que debía reproducir en todas sus obras y era su marca de honor.
El hermano que le había propuesto se encargaba especialmente de su dirección. En un día determinado se presenta el aspirante en el lugar en que se reunía el cuerpo del oficio, una vez dispuesto por parte del maestro de la logia el salón destinado a tal objeto. Por considerarse ese lugar consagrado a la paz y concordia, efectuaban los cofrades su ingreso desposeídos de las armas. Acto seguido, el maestro declaraba abierta la sesión.
El compañero encargado de la preparación del neófito, siguiendo una costumbre pagana, le obligaba a adoptar el aspecto de un mendigo. Despojábasele de las armas y de los objetos metálicos; se le desnudaba el pecho y pie izquierdo, y con una venda en los ojos se le conducía a la puerta que daba acceso al salón, la cual se abría después de haber llamado en ella dando tres fuertes golpes. El segundo presidente guiaba al recipiendario hacia el maestro, y éste le hacía arrodillarse mientras se elevaba una plegaria al Altísimo. Luego el candidato daba tres vueltas alrededor del salón, y situándose ante la puerta ponía los pies en ángulo recto, y daba tres pasos hasta llegar al sitio que ocupaba el maestro, quien tenía una mesa delante, y encima de ella se hallaba colocado el libro de los Evangelios abierto, y además la escuadra y el compás. El candidato extendía la mano derecha jurando fidelidad a las leyes de la cofradía, aceptar todas las obligaciones y guardar el más absoluto secreto acerca de lo que sabía y de lo que aprendiera en lo sucesivo.
Terminadas las ceremonias del juramento, se quitaba el neófito la venda, mostrándole la triple gran luz. Se entregaba un mandil nuevo, se le daba a conocer la palabra de paso, designándole el sitio que había de ocupar, y finalmente el saludo y el toque que posteriormente usaban los aprendices francmasones.En la masonería moderna (especulativa, no operativa), se recuerda la ceremonia descrita anteriormente para los masones operativos. No en todos los ritos ni en todas las obediencias se realiza de la misma forma, pero, con salvedades, el substrato común corresponde a la reproducción de las antiguas ceremonias.
Ello da a la masonería especulativa un carácter iniciático que une a los masones modernos con las iniciaciones de los antiguos masones, y que ha hecho que a veces se compare la masonería con otras corrientes de pensamiento que no tienen relación con la masonería pero que sí que utilizan la iniciación como el método de acceso a sus organizaciones.
La base de la iniciación está presente; el juramento se sustituye por una promesa, los evangelios por un libro de los reglamentos, etc.. pero sigue utilizando las herramientas, el masón ciñe un mandil, y lleva guantes. Los principales elementos de la iniciación se mantienen.